Las oportunidades de la mecanización para la fruta chilena

En mayo de este año, Google Ventures -el fondo de capital de riesgo de Google- decidió invertir US$ 10 millones en la startup estadounidense Abundant Robotics, que trabaja en el desarrollo de un robot para cosechar manzanas, el que también podría servir a futuro como base para crear robots para otros frutales.

En mayo de este año, Google Ventures -el fondo de capital de riesgo de Google- decidió invertir US$ 10 millones en la startup estadounidense Abundant Robotics, que trabaja en el desarrollo de un robot para cosechar manzanas, el que también podría servir a futuro como base para crear robots para otros frutales.

El proyecto de origen californiano no es el único. En Israel y Nueva Zelandia, las firmas FFRobotics y Robotics Plus, respectivamente, también están en la carrera por automatizar la recolección de manzanas. Si bien la tecnología todavía no existe a nivel comercial, se espera que sea una realidad en la próxima década y el primer paso para dejar de depender ciento por ciento de las personas en la cosecha de frutas frescas.

Pese a que en Chile no existen iniciativas en esa línea, los productores y exportadores también avanzan en este camino. Existen pruebas incipientes de diseños de huertos que servirían para un eventual robot manzanero -con alta densidad, árboles de menor altura y que dejan la fruta más expuesta y fácil de tomar- y un creciente número de máquinas para la recolección de berries que, aunque no son nuevas, cada vez son más comunes entre los productores. A ello se suma la incorporación de equipos de última tecnología para la selección de calidades de frutas en los packings, sobre todo en cerezas y arándanos.

La menor disponibilidad de mano de obra es uno de los factores que más presionan a la automatización y ha impulsado el avance de las plantaciones de frutos secos en Chile, como los nogales y avellano europeo, donde se estima que en cerca del 60% de la superficie la cosecha es mecánica. Sin embargo, todavía no es la realidad de la fruticultura en general, y los especialistas calculan que el país va retrasado respecto de sus principales competidores.

“En los últimos cinco a diez años, el rubro frutícola ha avanzado, pero no a la misma medida que los cultivos extensivos, como el trigo o maíz, y no es porque no estén los equipos o sistemas, sino porque cuando el fruticultor dispone de mano de obra, todavía la prefiere. Pero cada temporada se hace más escasa y es por eso que el panorama ha ido cambiando”, asegura José Mery, profesor de maquinaria en la Universidad Mayor y encargado de la flota de máquinas de La Rosa Sofruco.

Una mirada similar tiene Eduardo Armstrong, especialista en mecanización que representa a varias marcas con su empresa Global Farms, quien considera que el despertar de la automatización en frutales ha sido más lenta que en otros países líderes en este rubro.

“Si dejamos de lado las viñas, el grado de mecanización en Chile es del orden del 5% de la superficie, y hoy hay que saber que las tecnologías no son una opción sino que una necesidad, porque quien no invierte en la última tecnología disponible está reduciendo sus ingresos año a año y está destinado a desaparecer”, plantea.

José Mery, en tanto, considera que hay un retraso de entre cinco y diez años en mecanización a nivel de país, sobre todo porque buena parte de la industria sigue enfocada en obtener el mayor volumen posible.

“El fruticultor se preocupa mucho de la especie, la variedad, el sistema de poda y no tener residuos de plaguicidas, porque si no cumple con eso no puede exportar, pero en muchos casos solo se apuesta al volumen. Como el foco no está puesto en la calidad, eso hace que la mecanización sea menor”, plantea.

La idea calza con los argumentos de los productores y exportadoras más avanzados en la incorporación de nuevas tecnologías, quienes afirman que no solo la escasez de mano de obra es la razón detrás de los cambios, sino que la necesidad de mejorar en eficiencia, abrir nuevas oportunidades de negocio y asegurar la trazabilidad e inocuidad de sus frutas.

Ganar terreno en mercados

Al ser un grupo de productores-exportadores, los socios de Huertos Collipulli, en La Araucanía, están pendientes de optimizar el proceso de sus manzanas, cerezas y arándanos desde el campo hasta los mercados de destino.

Uno de los cambios más importantes que han realizado fue la incorporación, la temporada pasada, de un selector óptico de arándanos. Es un equipo que permite discriminar en forma exacta los arándanos según su calibre, color y defectos, a través de fotos que toma a cada fruto en pocos segundos, sin la intervención de personas, y que definen como un éxito.

“Antes, según cómo llegaba la fruta al packing decidíamos su destino, pero ahora podemos seleccionarla en forma efectiva y conseguir lotes que clasifican para Asia, por ejemplo, o que pueden dar para una exportación y antes quedaban fuera”, explica el gerente de la empresa, Cristóbal Duke.

También detalla que con el equipo pudieron “salvar” el 30% de la fruta, que antes no se destinaba a la exportación, y aumentar el porcentaje que se destina al continente asiático de 12% a 30%, y la que va a Inglaterra, de 5% a 20%, ya que son mercados lejanos, que requieren que los arándanos lleguen firmes y en condiciones óptimas.

“El principal factor de esta tecnología no es reducir la necesidad de mano de obra, sino que poder cambiar el mix de exportación, porque puedes disponer de más fruta para los mercados más lejanos y tener mayor poder de decisión sobre a dónde enviarla, y eso es clave. Nosotros pudimos triplicar nuestra presencia en los distintos programas”, afirma Cristóbal Duke.

El primero de estos selectores ópticos -que hoy ya lo tienen las principales exportadoras de arándanos- llegó a Chile en la temporada 2013-2014, a través de la firma italiana Unitec, que lidera en las novedades de equipos de poscosecha en esta especie, manzanas y cerezas.

“En general, puedo decir que en Chile la demanda por mecanización está creciendo y la gente siempre está buscando automatización y mejoras para avanzar en rendimientos y eficiencia, y creo que el mayor dinamismo está en los productos frescos, como cerezas y arándanos, que tienen un tiempo de empaque muy reducido antes de la exportación”, plantea el gerente general de Unitec Chile, Nour Abdrabbo, y añade que el rubro de la manzana está más lento, debido a los bajos precios que ha enfrentado y a que la fruta se puede guardar por varios meses.

Respecto del análisis que deben hacer los productores y exportadoras a la hora de invertir en una nueva tecnología o maquinaria, Abdrabbo insiste en que no solo se debe mirar el precio, sino que también los beneficios que implica. “Lo importante es qué beneficio me da, porque puedes comprar algo que vale US$ 10 y no lo usas, por lo que pierdes ese dinero, o algo que vale US$ 100 y que te permite hacer un mejor trabajo, y lo recuperas con el tiempo. Entonces, es absolutamente relativo decir cuándo algo es caro o barato”, advierte.

Garantizar inocuidad

Los hermanos Eduardo y Alejandro Pinochet producen desde hace varias décadas en la Región del Maule, y en 2004 comenzaron a elaborar frutas para la agroindustria.

Con el nombre de APFrut, partieron con una planta capaz de procesar 15 a 20 toneladas de fruta diarias, que diez años después aumentó a 150 toneladas diarias y la capacidad de almacenar hasta 14 mil toneladas de fruta congelada, a la cual han sumado cerezas, kiwis y uvas. El crecimiento implicó cambios entre los cuales la mecanización ha sido clave.

“Al producir con cosecha mecánica, uno de los principales objetivos es el reemplazo de mano de obra, pero un punto muy importante es la seguridad alimentaria e inocuidad. Mientras menos personas interfieran en la cadena es mucho más seguro, por contaminación microbiológica, por lo que estamos en la senda de seguir en la automatización de las cosechas para orientarnos a clientes que pagan ese plus de la seguridad alimentaria”, explica Eduardo Pinochet.

También ha evaluado que en términos de costos es un buen negocio, ya que, si bien la inversión inicial es alta, el valor de una máquina se recupera en los próximos tres o cuatro años, y tiene una duración promedio de 15 años, por lo que el resto de las temporadas solo tienen costos operacionales más bajos, versus el costo de la mano de obra, que siempre tiende al alza.

“Lo que queremos es automatizar todos nuestros campos, que todos tengan riego tecnificado, agua limpia, mecanización en las cosechas, huertos peatonales en las cerezas y un estándar de gente más calificada para poder optimizar los rendimientos, porque de lo contrario es muy fácil entrar en números rojos”, dice, y detalla que para eso están renovando los huertos antiguos con diseños aptos para las maquinarias y cambiando las variedades que no son rentables para este tipo de labores.

En el área de la empresa que destinan a la exportación de fruta fresca, Eduardo Pinochet comenta que -como hasta ahora no se puede automatizar- buscan incorporar la última tecnología disponible en el packing, como selectores ópticos de cerezas, llenadores de bolsas y cajas automáticos, para no depender de la oferta de mano de obra.

“Cuando no existían estas líneas automatizadas, se procesaban 15 kilos de cerezas por persona, por hora, y hoy se procesan 50 kilos. Hoy en día, para el volumen de cerezas que produce Chile, sería imposible embalarlas sin estas tecnologías, que además dan una calidad uniforme”, destaca.

Buscar la eficiencia

Sin considerar los cultivos extensivos como el trigo o maíz, hasta ahora la uva vinífera y los frutos secos son los rubros más avanzados en términos de mecanización en Chile.

En estos últimos, la automatización no es vista como una alternativa, sino como una obligación, lo que ha impulsado la incorporación de cosechadoras y de equipos de secado y proceso de los frutos.

En ese sentido, el jefe de productos de cosecha mecanizada de Agroimec, Matías Zúñiga, explica que la mayor parte de los productores elige invertir en sus propias máquinas, y solo casos aislados contratan servicios para la cosecha. El paso que viene es contar con equipos de secado propios, para evitar descuentos en las liquidaciones por este servicio y entregar a las empresas exportadoras la fruta lista.

“Desde las 30 a 35 hectáreas para arriba la gente ya está teniendo sus propias líneas de proceso y secadores, porque cuando mandan la fruta recién cosechada a las exportadoras hay un cuello de botella y no tienen la suficiente capacidad de recepción para secar todo lo que reciben, y no sacas nada con tener una muy buena cosechadora si no secas bien la fruta”, asegura.

Matías Zúñiga explica que si una cosechadora avanza 7 a 8 hectáreas diarias en promedio, el productor puede prepararse para saber cómo secar los cerca de 16 mil kilos de fruta diarios, por lo que en este rubro -especialmente en nogales- el avance en la mecanización se da más bien por la incorporación de nuevos equipos de secado en los campos, más que por cambios tecnológicos, ya que la maquinaria es básicamente la misma en las nueve marcas que maneja Agroimec.

En términos generales, José Mery estima que hoy en día cerca del 60% de los frutos secos se cosecha en forma mecanizada, un panorama similar al de los olivos, que utilizan sistemas parecidos. “En todas las grandes extensiones no hay posibilidades de hacerlo a mano”, dice.

Desafíos en los berries

Bruno Schmidt todavía recuerda el impacto cuando, como gerente de una exportadora de frambuesas a fines de los 80, trajo a Chile la primera cosechadora mecánica de este berry. Dice que pasó de necesitar 1.500 a 600 personas en la temporada.

Hoy, como gerente de Korvan Chile, empresa especializada en mecanización de frutales menores, cree que el cambio ha sido paulatino y que implica más puntos que la máquina.

“Lo primero es tener una muy buena variedad y muy buen manejo. El tema de que la máquina es solo para congelado es un mito, porque cosecha lo que hay en la hilera. Si tienes una fruta de excelente calidad y una variedad más amigable con la máquina puedes hacer milagros… Hoy todos los elementos detrás de un frutal menor se están ajustando a la necesidad de mecanización”, afirma

Sin embargo, muchos productores no concuerdan.

Buscando ajustarse a las necesidades y realidad local, el consultor Felipe Rosas lanzó este año una cosechadora mecánica desarrollada en Chile (Unair),  que adapta tecnologías internacionales a las condiciones particulares del país, y que será utilizada por primera vez esta temporada. “Es un proyecto que tomó diez años y su tercer prototipo ya fue validado por la Corfo”, detalla.

Más allá de los desarrollos puntuales y el avance de algunos productores en mecanización, José Mery considera que no se ha dado a gran escala porque, pese a la menor disponibilidad de mano de obra, su costo todavía no es tan prohibitivo y está a la par con el de una máquina.

“Chile todavía tiene esa ventaja, aunque hay que ser muy eficiente. El fruticultor que quiere simplificarse es el que está optando por las máquinas, pero, si no, todavía lo puede hacer con gente. Por eso la mecanización en la fruticultura, en general, va más lento que en el resto del agro”, plantea.

Fuente: Revista del Campo

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